La puntualidad es clave
Si alguna vez llegáis tarde porque os
habéis dormido o porque habéis pinchado la rueda de camino al trabajo no pasará
nada; a fin de cuentas, a todos nos ha pasado. Ahora bien, otra cosa muy
diferente es que os pase esto con frecuencia y que los mordiscos al reloj de la
empresa se conviertan en vuestro modus operandi.
En estos casos se da varias oportunidades
al empleado dándole avisos y sanciones leves; pero la cosa se puede complicar
de sobremanera hasta llegar a un despido procedente. Y sed conscientes de que
esto no es para nada una excepción, pues está entre las causas más corrientes
de despidos disciplinarios. ¿Os la queréis jugar? Pues entonces ya sabéis, a
apechugar con el horario y a comprarse un buen despertador. Aparte, claro está,
de que tendréis que tener siempre en mente el conocido dicho “noches alegres,
mañanas tristes”. Más real de lo que parece.
Cuidado con responder a los
superiores
Hay jefes que son unos mamones, lo sé. Pero
así es la vida, hay buenas personas, malas personas, gente cruel, gente amable
y considerada, individuos sin vergüenza alguna, etc. Así que, si os toca un
jefe de los malos, de aquellos que no escuchan a los empleados y que los tratan
como escoria, lo mejor que podéis hacer es iros de allí. Buscad una empresa
donde las relaciones sean respetuosas.
Si respondéis de mala gana al jefe de turno
o al empresario os podréis encontrar con que os metan una sanción disciplinaria
o, si la respuesta ha sido desproporcionada, un despido; que por lo general
suelen ser procedentes. Y bueno, la cosa no queda ahí, ya que si llegáis a
agredir físicamente al superior y este resulta lesionado os meteréis en un
problema mayor que el mencionado.
Tomaros en
serio todas las órdenes
A veces os podréis encontrar con que el
jefe os de una orden que, bajo vuestro punto de vista, es ridícula. También
podría darse el caso de que no fuera la más idónea atendiendo al contexto. ¿Qué
haríais en un caso así? Por lo general la gente acataría las órdenes; y de
hecho es lo que os recomiendo en la mayoría de casos.
Si hacéis caso
omiso a lo que os diga el jefe podríais enfrentaros a un despido procedente.
Aunque eso sí, hay salvedades donde la decisión del trabajador de no acatar la
orden tiene validez legal. Generalmente se da esta circunstancia cuando la
orden obligue a hacer algo ilegal o cuando se pueda ver afectada la imagen del
empleado.
Obviamente no
podréis demeritar las órdenes de un superior porque este sea más joven o por
asuntos tales como la raza, el sexo y demás
No cojáis cosas
que vayan a la basura
Sí, como suena.
Muchos pensarán que una vez tirado un producto a la basura ya no tiene nada que
ver con la empresa, ¿verdad? Pues no, y de hecho conozco el caso de dos
personas que despidieron de una multinacional textil por esto mismo. Tened en
cuenta que los objetos son propiedad de la empresa hasta que se depositan en un
contenedor público. Si están en uno interno, ¡ni tocarlos!
Os preguntaréis
quién haría esto, ¿no? Pues ya os digo que muchos, teniendo en cuenta que las
empresas a veces tiran productos cuando tienen una pequeña tara. Y sí, cierto
es que podríais recurrir el despido procedente, pero en casos así la
jurisprudencia no queda a vuestro favor.
No divulguéis
información confidencial
Dependiendo del
trabajo que tengáis es posible que os hagan firmar un acuerdo de
confidencialidad, con lo que ya sabéis a lo que os arriesgáis si decís algo
delicado de la empresa por ahí fuera. Pero, ¿y si no tenéis ese acuerdo? Pues
tres cuartas partes de lo mismo. Se respeta la buena fe contractual, por la
cual los empleados se comprometen a no dañar voluntariamente la imagen de la
compañía y las acciones comerciales y económicas.
En resumidas
cuentas, que si os pillan soltando información delicada de la empresa podrán
despediros. Y si encima os lucráis con ella la cosa podría empeorar.
No os metáis en
peleas con los compañeros
Si llegáis tarde o faltáis un día debéis
justificar la razón. Por ejemplo, con un certificado de defunción si es por
esta razón, con un certificado médico, etc. Siempre debe estar todo explicado
por escrito, ya que de otra manera podríais veros ante un despido procedente
Y, por cierto, aún con los papeles en regla
existe la posibilidad de realizar un despido si el número de ausencias ha sido
elevado (obviamente hay casos que se saltan este punto, como son los
tratamientos de cáncer y similares).
Competencia
desleal
En la mayoría de
ocasiones no hay problema en que tengáis un segundo trabajo o en que montéis un
negocio por vuestra parte. Pero claro, como comprenderéis no es nada ético
hacerlo mientras hacéis competencia directa a la empresa. ¿No os parece?
Imaginad que trabajáis como cajeros en Leroy Merlin y de manera paralela os
montáis un negocio de asesoría a empresas de ferretería contando cómo arrasar
comercialmente a vuestra firma.
Además de que os
estaréis ganando un despido procedente podríais encontraros con que os demanden
por varias cosas: revelación de información confidencial, competencia desleal,
etc. Y cruzad los dedos para que la empresa no haya perdido dinero con esta
situación…
Abuso de confianza
¿Conocéis el dicho
este de “no muerdas la mano que te da de comer”? Pues en el mundo de la empresa
está más al día que nunca. No seáis tan desconsiderados de aprovechar en
beneficio propio la confianza o cariño que os pueda tener el empresario. Si
viciáis esta relación hasta hacer lo que os venga en gana os podríais encontrar
nuevamente con un despido procedente. ¿Y sabéis qué es peor? Que además del
despido probablemente os llevaréis la enemistad de por vida del empresario, que
podría ser un viejo amigo de la familia, alguien que os ayudó en un momento
duro o incluso un familiar o amigo. No os la juguéis.
Vagancia
Uno de los mayores
problemas que tienen muchos empleados es que están ocupando puestos que no les
satisfacen; que soportan más que nada por el dinero calentito a final de mes.
¿Sabéis cuál el problema de esto? Que con el tiempo la gente que no disfruta
con su empleo tiende a rendir menos y menos. La pasión se apaga, las ganas se
van y cada día el trabajo se cumple más forzadamente. Al final no se llega a
los estándares del inicio de la relación laboral, decae estrepitosamente la
producción o empeora su calidad, y el trabajo en general se va a garete.
Seguro que
conoceréis personas que en sus trabajos hacen lo menos posible para ganar la
nómina, y además más de uno estará metido en esta espiral de hartazgo. Y bueno,
si bien es cierto que aquí el empresario podría echar una mano en cuanto a la
motivación se refiere, no es lo más frecuente de ver. Estamos frente a una
causa de despido justificado, así que si os encontráis en este contexto pensad
en cambiar. Sea buscando otro empleo, pidiendo un cambio de funciones o viendo
cómo quitaros esa desgana de encima.
El alcohol y las
drogas no tienen cabida en el trabajo
¿Acaso hay alguien
que piense que yendo borracho o drogado al trabajo no va a pasar nada? El
propio Estatuto de los Trabajadores indica esto es motivo de sanción. Y si el empleado
en cuestión desempeña sus funciones en puestos especialmente críticos, es
motivo de despido fulminante. Son los casos de los conductores, técnicos de
gas, empleados de atención al cliente, personal sanitario, guardias de
seguridad, etc.
Como comprenderéis,
la solución a esto es sencilla: no hacer el bobo. ¿Qué necesidad hay de llegar
así al trabajo? Antes de eso es mejor no presentarse, las consecuencias serán
menores y no pondréis en riesgo la vida de las personas y/o la reputación y
activos de la compañía.
Acoso sexual
Como podréis
imaginar el acoso sexual es causa directa de despido; además de que quien a poner
en práctica podría vérselas en los tribunales. Y que conste que aquí no solo me
refiero a manosear a compañeras/os, sino a vociferar marranadas, hacer gestos
obscenos e incluso decir piropos (por muy inofensivos que sean).
Los tiempos han
cambiado y lo que antes era parte de nuestra cultura a día de hoy es más propio
de una guía de aberraciones sin justificación. No seáis neandertales y no os
pongáis en estas. Recordad que el respeto a los demás debe estar por encima de
todo.
Acoso laboral
(mobbing)
En su momento ya hablamos del mobbing o
acaso laboral, una lacra que está presente en muchas empresas del país. Si os
parece divertido meteros con los compañeros por su orientación sexual, religión
o ideas; o si simplemente lo hacéis por quitároslos de encima; mejor que
volváis a las cavernas con los neandertales y con quienes en el punto anterior
se dedicaban a tocar culos. ¿Sabéis que hay gente que entra en depresión por
este tipo de situaciones? De hecho, incluso ha habido suicidios.
Si hay algo que no os guste de un compañero
habladlo respetuosamente con él o, en su defecto, con el empresario. Pero el
acoso nunca es la solución. Seamos civilizados.
Promover una mala imagen de la empresa
Hay trabajadores que cuando se” queman” en
la empresa donde trabajan empiezan a hablar pestes de la misma; a veces incluso
a clientes. Eso afecta a la buena fe contractual, donde el trabajador se
compromete a no afectar deliberadamente al contratante. Vamos, que es causa de
despido procedente.
Y, por cierto, si esa mala imagen emanada
de las palabras o actos del trabajador afectan a la actividad comercial de la
compañía (es decir, si pierde clientes por su culpa), el trabajador podría
verse en el apuro de tener que indemnizar a la empresa. Y sí, si no tiene
patrimonio como para hacer frente a esta situación un juez podría embargarle.
Así pues, mejor
estar calladitos. ¿Verdad? Si no estáis a gusto lo mejor es buscar otro empleo.
Falta de
adaptación
Al entrar a una empresa es normal que los
trabajadores se sientan perdidos. El modo de hacer las cosas es diferente, las
exigencias pueden ser mayores, las máquinas pueden funcionar de otra manera,
etc. Hay muchas cosas que cambian. Pero, ¿qué pasa cuando pasado un tiempo
prudencial se ve claramente que el trabajador no es capaz de adaptarse al
puesto de trabajo? Si en su momento firmó un contrato temporal no se le
renueva, y si tiene un periodo de pruebas aún en vigor, se le rescinde el
contrato. Peor, ¿y si tenía un contrato indefinido con el periodo de pruebas
finiquitado? Queda la posibilidad del despido procedente.
Ahora bien, en este contexto el empresario
tiene un problema evidente: ¿por qué no despidió el empresario al trabajador en
su periodo de prueba? El no haberlo hecho podría acarrearle complicaciones para
justificar un despido así. Pero claro, ¿y si no había en el contrato periodo de
prueba? Pues ahí la cosa es mucho más sencilla.
Otra variante de
este tipo de despido procedente se da cuando el empleado no es capaz de
adaptarse a las nuevas tecnologías y/o ambiente que va llegando a la empresa.
De hecho, es una de las razones del desempleo entre personas de más de 50 años.
Las normas están
para cumplirlas
Cuando se firma un contrato de trabajo
generalmente se están aceptando las normas internas de la empresa. Reglas de
funcionamiento que equivalen a las instrucciones directas del empleador y que
deben ser cumplidas por el trabajador. En caso de que así no sea el empleado
podría verse sancionado e incluso despedido. Anda que no hay juicios abiertos
por este tipo de razones…y además con resultados para todos los colores.
Ahora bien, como os indicaba en los
primeros puntos, hay órdenes (o normas en este caso) que podrían ser inválidas.
Producto de alguna fantasía capitalista del empresario. Os pondré un par de ejemplos.
Imaginad que dentro del pliego de normas de
una empresa hay una que dice que los trabajadores aceptan hacer horas
extraordinarias cuando el empresario lo considere necesario; sin haber razón
justificada para ello. ¿Adivináis qué pasaría aquí? Sencilla y llanamente que
no puede ser. El Estatuto de los Trabajadores y el convenio aplicable a la
empresa en cuestión lo impiden.
Ahora imaginad que
la normativa de otra empresa indica que los musulmanes no pueden acudir a
mezquitas en su tiempo libre. Es obvio que la empresa no tiene capacidad legal
para regular quién puede y quién no puede profesar activamente una religión. De
hecho, esto no podría darse ni con los empleados de un obispado. Recordad que
uno de los principios de la Constitución Española de 1978 es precisamente este,
el de la libertad religiosa.
Si las ventas
bajan id preparándoos
Si el empresario o
alguna pieza importante del organigrama de la empresa está fallando y las
cuentas se ven afectadas, comenzad a temblar. Legalmente el empresario, si
entra en números rojos, podría prescindir de los trabajadores que, desde un
punto de vista económico, sean innecesarios. También puede darse esta situación
si durante tres trimestres consecutivos las cuentas demuestran que la empresa
ha ido disminuyendo sus beneficios.
También os comento
que ha habido casos de empresarios que han falseado las cuentas o han vendido
menos a propósito para quitarse de encima a este o a aquel empleado. Algo que
obviamente invalidaría un despido y acarrearía sanciones para el listo de
turno.
De todas maneras,
si el despido procedente viene por esta vía, deberán avisaros como poco con 15
días de antelación; dándoos además seis horas semanales retribuidas para
encontrar otro empleo.
Falta de respeto
por las medidas de seguridad reglamentarias
Si vuestro trabajo implica que cada dos por
tres debéis estar en situaciones riesgosas estaréis obligados a cumplir con las
medidas de seguridad. Es lo que pasa por ejemplo en los sectores de la
construcción, de la limpieza industrial, del transporte o de la pesca. Algo que
por cierto afecta a muchos empleos.
Cierto es que el empresario está obligado a
formaros al respecto y a entregaros los Equipos de Protección Individual; pero
si hacéis caso omiso a todas las instrucciones, señalizaciones, manuales y
llamados de atención por parte de superiores y compañeros, estaréis poniendo en
riesgo vuestras vidas y las de los demás. Como comprenderéis esto es motivo
justificado para un despido procedente. Y además de los fulminantes.
Mejor quedarse sin
trabajo que sin vida o sin una pierna, ¿verdad?
Ineptitud
A pesar de que
pueda sonar anecdótico, un despido por ineptitud es legal. Ahora bien, el
empresario debe demostrarlo claramente. ¿Cómo? Ahí está lo complejo del asunto.
En muchas ocasiones es a raíz del escaso aprovechamiento por parte de los empleados
de la formación dada; aunque más habitualmente suele venir derivado de las
quejas de los clientes al no saber el trabajador hacer correctamente las tareas
encomendadas.
Esto, en muchas
ocasiones, está relacionado con la desidia o vagancia; de la que os hablaba más
arriba.
Tratar mal a un
cliente
Hay clientes que dan ganas de llorar; sea
porque son desagradables, ofensivos, tacaños, mal educados o cualquier otra
cosa que pueda ser estridente o estresante. Pero, ¿sabéis qué pasa aquí? Que si
cedéis a su temperamento y se os cruzan los cables vuestro puesto podría estar
en serio peligro. Pase lo que pase no podéis tratar mal estos, pues sería algo
que iría en contra de los intereses de la empresa.
Ahora bien, si os encontráis con un cliente
insultándoos o acosándoos por vuestra orientación sexual, sexo, religión, raza
o similares, debéis hablar con calma aclarándole que os está ofendiendo. Si
persiste lo mejor que podéis hacer es dejar la conversación donde está y dar
parte al empresario o inmediato superior. Generalmente estos suelen responder
en favor del trabajador. De todas maneras, tened en cuenta que siempre tendréis
la vía judicial.
En resumen: si os encontráis con un
personaje de estos no les sigáis el juego. No os alteréis y, como era de
esperar, no les agredáis. Es una causa de despido justificado.
No asearse
Vale que un día no os bañéis porque os da
pereza, pasa que un par de días no lo hagáis porque os da más pereza, pero si
seguís así durante 30 días, y encima tenéis un empleo en el que tenéis que
estar constantemente junto a otras personas, mal vamos. No es extraño
encontrarse en las empresas con quejas de empleados al respecto, pues el listo
de turno ha pensado que es más cómodo no asearse y vivir la vida loca.
Pues bien, la
empresa, en estos casos, puede llamar la atención al empleado díscolo; y si se
tercia hasta sancionarle. Si sigue en sus trece cabe la posibilidad de un
despido procedente. ¿Qué os parece? Merece la pena ir limpio al trabajo,
¿verdad? Tened en cuenta que no solo estamos hablando de vosotros, sino también
de vuestros compañeros e incluso de los clientes; que no tienen necesidad
alguna de soportar esto.
Falta de civismo
Este punto es de
cajón, pero aún hay quien se sorprende cuando se lleva una amonestación de la
empresa por tirar basura en cualquier parte de la empresa, por dar golpes a una
fotocopiadora que funciona mal, por ponerse a fumar donde está prohibido, por
hablar a grito pelado molestando a todo el mundo o mismamente por destrozar lo
primero que se encuentra ante un enfado.
Si en alguna
ocasión habéis hecho cosas por el estilo y no os han pillado mucho ojo con
volver a repetirlo, ya que las amonestaciones y un posible despido procedente
estarán siempre revoloteándoos por la cabeza
Cambios técnicos
Una de las razones
más impopulares que pueden dar cabida a un despido procedente es la de las
razones técnicas. Y es que podría darse la situación de que una empresa ya no
necesitara a un operario para manejar una máquina que ha sido sustituida por
robots o software. De hecho, es algo que a lo largo de los próximos años dará
mucho de que, hablar entre la sociedad, pues la automatización es un tren que
ha traído el progreso y la modernidad.
La solución en este tipo de casos pasa por
reciclarse y moverse a profesiones y oficios que, con la llegada de las nuevas
tecnologías, tendrán el empleo asegurado. ¿No sabéis por donde tirar? Os
recomiendo que echéis un vistazo a nuestro libro electrónico “¿Hay trabajo en
un futuro exponencial?”, donde os lo decimos. Os doy una pista, los cursos de
community manager cada vez tienen más aceptación en las empresas.
Cambios organizativos
Aquí pasa algo parecido al punto anterior,
pero con la salvedad de que los cambios serán por razones organizativas. Os
pondré un ejemplo: imaginad que trabajáis en una empresa que fabrica tuercas en
Málaga y que un buen día el Consejo de Administración considera que es mucho
más rentable llevarse la fábrica a Nicaragua, China o Vietnam. ¿Qué pensáis que
va a pasar con vosotros? Pues sí, eso es, que quedaréis en la calle. Y además
con un despido procedente; que en este caso sería colectivo.
La solución pasa por moverse rápido e ir
mirando otras empresas, ya que de cara a la decisión de los accionistas poco
podréis hacer.
Vestuario incorrecto
Finalmente os comento otra de las tantas
razones por las que os pueden hacer un despido procedente: la ropa. ¿La empresa
tiene un código de vestimenta establecido? Pues no os quedará otro que cumplirlo.
Podría darse el caso de que no fuese adecuada la ropa, en cuyo caso tendríais
que comunicárselo al presidente del comité de empresa para que tomara las
medidas oportunas, pudiendo incluso llevar a juicio al empresario para que un
juez disponga. Si no hay comité de empresa haced una denuncia anónima a la
Inspección de Trabajo.
Pero vamos, que esto se da en casos donde
la vestimenta oficial es insegura o denigratoria. No es lo habitual, así que
por lo general no os quedará otra que apechugar.
Si la
empresa no tiene un uniforme establecido, pero sí un código de vestimenta más
laxo, también tendréis que ceñiros. Por ejemplo, si dices “ropa formal”, no
vayáis en chándal. Os podríais llevar una amonestación y, de repetir, incluso
un despido procedente.
Y bueno, si no hay nada relacionado con la
vestimenta, también podría haber problemas si vais con ropas claramente no
adecuadas. Por ejemplo, no vayáis a ir en traje de baño porque tenéis pensado
ir después a la playa; o con un traje rosa si trabajáis en banca. Es de sentido
común, ¿no os parece?

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